(Carta abierta al coordinador José Novoa Vela)
Esta “carta” fue escrita hace
tantos años pero fue de edición limitada y no había Internet. Aprovecho para
ofrecerla a mis lectores y amigos.
“Señor Coordinador: Quiero
presentarle mis disculpas a través de la presente por no haber cumplido con el
programa establecido para “El Día de los animales”. Pero es tan difícil agradar
a todos en esta Alma Mater sobre un tema tan hermoso como es el Día de los
animales . Usted dirá que no existe razón alguna para escribir sobre lo que
está programado; sin embargo, la realidad demuestra lo contrario, porque desde
hace algunos meses he sido frecuentado, abordado y a veces, amenazado a
satisfacer las exigencias de mis amigos. Es obvio que cada uno tiene sus
preferencias por algún animalito, pero nunca creí que esto se tornara en una idea obsesiva que no
me permitiera, a fin de cuentas, conciliar el sueño y atender mis necesidades
más elementales.
Si bien es cierto que yo era el
encargado del discurso, significaba que podía escoger, y así fue que en un
principio estaba entusiasmado para hablar sobre el fiel EUMEO, que durante
tantos años cuidó los animales de Odiseo. Asimismo, hubiera reivindicado a los
compañeros de Ulises que fueron convertidos en unos bellos animalitos-dignos de
ser mascotas de César- y que con su gracia y donosura alegraban las
interminables noches de CIRCE. Es más, estos querubines de la escala zoológica
constituyen uno de los mejores platos de los gastrónomos más exigentes. Si
queremos llenar el campo legal, el Dr. Lazo puede dar fe de esta hipótesis por
cuestión-no necesariamente de honor- sino de raza.
Estoy seguro que mi posición va a
alegrar en especial al flaco Merino, aunque él tiene sus predilecciones por el
toisón de oro que fue el ideal de los argonautas y que hoy en día ocupa un
lugar en la constelación del zodiaco. Le manifesté mi desacuerdo, mientras Leo
leía Matemática, porque el Flaco, dentro de su pituquería habitual, se identificaba
con una pantera rosa que constituía el símbolo de la alegría y del amor que lo
va consumiendo cada día más.

Pirandello tuvo suerte porque a él
lo buscaban tan solo seis personajes; en cambio, a este pobre servidor lo están
atormentando muchos que la desesperación es tan grande que la cabeza le va a
estallar.
En verdad, no hallo solución alguna
y estoy a punto de perder el trabajo. Llego tarde. No he preparado mis
proyectos de prueba. Me he atrasado en mis exámenes y me escondo de mis jefes
inmediatos superiores. Recuerdo que en Julio, Ud. Mismo me pidió de una manera
especial que recordara a los pajaritos y todas las avecillas en este magno día.
Aunque la ornitología no era mi fuerte, sin embargo, mis devociones por San
Francisco de Asís, eran bastante conocidas por su Despacho que en un arrebato
espiritual, Ud. Hizo una apología de sus trinos y dulzuras que ellos depositan
sobre nuestras cabezas…¡Qué dulzuras!
Consulté de estas cosas con el
silencioso chiquillo, y él, que sabía de mi pasión por el verano, me corrigió y
dio preferencia a los animales más grandes que distraen a los niños…¿El
patillo?, pregunté…se puso colorado y lanzando un “chesu” exabrupto, asintió y
agregó que no era el único, porque en la tarde hay otro. No le entendí pero le
agradecí, mientras mi jefe se destapaba en una pose vallejiana del siglo xx.

Transcurrieron las horas y los días
y vi pasar a un chivo en bicicleta, a un caballo manejando “La Covadonga” y un
hombre bajito con larga cola a punto de metamorfosearse. Había corregido como
doscientas pruebas y dormí poco. El
sujeto de la colita me pidió encarecidamente que lograra reivindicar a algunos reptiles que no eran
venenosos, entre ellos, la lagartija, una de las sobrevivientes del diluvio y
precursora de los Dinosaurios. Ella ha podido sobrevivir con tesón esfuerzo y
trabajo. Me quise reír, pero me lo impidió con mucha seriedad y se retiró
rápidamente a través de la tierra del Parque de las Leyendas.
En otra oportunidad, mientras
caminaba por los alrededores de la Universidad de Villarreal, pude columbrar a
dos amigos inseparables que venían rápidamente hacia el lugar donde estaba yo.
El más gordo de ellos, antes que yo pudiera articular palabra alguna, lanzó un
exabrupto que me dejó en silencio: “ Si no puede Usted… ¡Renuncie!...” Aprovechó
mi sorpresa y olvidándose que estaba en la vía pública, se lanzó un rollo con
características de orador de plazuela y exigía que “dentro del marco teórico y
en nombre del pueblo peruano, declarara como rey de los animales al dinosaurio
Rex, quien
marcó una etapa heroica en la vida del hombre de las cavernas. El
gran Carlitos Reluz, que estaba cerca de él, apoyó su pedido y prometió un
piqueo de mollejitas a la trujillana, en caso se cumpliera la petición de su
contertulio. Eso no fue todo, porque el orador que se hizo famoso con su tesis
sobre “el abigeato de cuyes en el pueblo de Huacho” solicitó hacer extensivo el
“Reconocimiento con los honores correspondientes al hombre de Altamira, Lascaux
y Toquepala”, por altos servicios distinguidos. Un poco mortificado, le
pregunté si tenía otro pedido más.
El muy cretino me dijo que sí: “Que no me
olvidara del Señor de las praderas y los llanos, si yo no estaba de
acuerdo…pues ¡Renuncia! “. Y quién es ese señor, le impetré muy enojado…¡El búfalo! Dijo con tal
desparpajo y se retiró fresco y feliz. A lo lejos escuchaba como una voz de
picapiedra: “En el dolor…”
Aquel día no almorcé en casa. Me
habían dejado una caja de cervezas y una carta donde se hacía una exégesis del
lobo como el auténtico animal del siglo xx. Se amparó en el lobo estepario de
Hermann Hesse y la Aquela de Kipling. También me dejaron el poema LOS MOTIVOS
DEL LOBO, de Rubén Darío y la letra de una canción COMO UNA LOBA. Al final de
la carta decía “Enteramente tuyo Fidel…Fidelis…Fidelorum. Casi acepto esta propuesta ya que la cerveza estaba muy
cara y yo solo bebía cuba libre.
Las cartas y las tarjetas
continuaban. Parecía Navidad. Una de ellas llevaba la palabra URGENTE. Era de
Sancy que deseaba hablar cuanto antes conmigo. No me fue posible atenderlo porque
tenía tanto que hacer. Sin embargo,
horas después, me encaminé hacia su domicilio, y en el pasadizo escuché
un croac, que al principio, me asustó.
Una vez que toqué la puerta, me recibió con una copita de pisco y la consabida
expresión taurina “¡Va por uvas!...le contesté ¡Tercer tercio! Me contó que
últimamente estaba viviendo “a salto de mata”, por lo difícil de la situación,
y a medida que sus ojos se le agrandaban, pegó un salto que me sorprendió. De
repente quiso
decir “a salto de rana”. Me tranquilizó por estos exabruptos y
siguió para adelante haciendo remembranzas de LA BATRACOMIOMAQUIA, una obra de
Homero poco leída, pero muy profunda.
Asimismo, me recitó unos párrafos de LAS RANAS de Aristófanes, con tal
brillantez y colorido que lo aplaudí. También hizo una apología del primitivo
habitante de las riberas del Mantaro que eran producto de una cacería
despiadada por los taxidermistas, que se valen de su piel por intereses
comerciales. Me molestó lo que dijo de mi hermano, pero entendía su punto de
vista. Entonces comprendí el motivo de su llamada. También me mostró una
petición con varias firmas de profesores de Ciencias en la que solicitaban declarar huéspedes
ilustres al sapo y a la rana. La lista
era larga y estaba encabezada por el profesor Lizarzaburu.
Era medianoche . Había tomado
varias copitas de pisco que no sabía si estaba soñando o estaba ebrio., porque
en un instante, me pareció ver una rana con una cabecita pequeñita que movía
las patitas y que parecía decir: ¡Va por uvas!...Sentí miedo y salí disparado
de aquel apacible lugar en dirección a mi casa. A lo lejos se escuchaba el
canto monocorde de los anuros “croac…croac…croac”.
Me levanté con fiebre de cuarenta y
no pude ir a trabajar. Mi esposa me contó preocupada que había estado delirando
y que huia de muchos animales, entre ellos felinos, reptiles, jauría, piara,
manada, etc. Al día siguiente me fui temprano a trabajar y sobre todo para
pedir un préstamo, porque de tanto comprar libros y discos, me había quedado
sin dinero. En el camino me encontré con el profesor Táber, quien me obsequió
para el Día de mi cumpleaños varios libros. Recuerdo algunos autores como
Darwin, Desmond Morris y Edgar Rice Burroughs. Me llamó poderosamente la
atención porque este amigo solo me obsequiaba cigarrillos. Le agradecí y me
respondió ”Tú sabes cómo es…” y se fue.


Llegó el recreo y fui abordado por
un profesor silencioso quien cortésmente me hablaba de PLATERO Y YO como un
libro excelente y que tenía razones suficientes para proclamarse en gran medida
como el animal del año. Ya en la hora de salida me topé con Felipe que estaba
estrenando su nuevo walkman. Me encaró mi racismo y de paso me manifestó que no
hay nada mejor que el tigre por su bella estampa. Además reafirmó Felipe: “Solo
nos alienta el mañana”.
En el ínterin, me bombardearon con
otros nombres. Si mi memoria no me traiciona diría que el regente me sugirió la
morsa; otro, el caballo;
una chica, el correcaminos. Cada nombre me caía como
golpes en la cara, ya sea gatos, tiburones, lornas, cojinovas, hasta que una
víbora me picó y perdí el conocimiento.
Atentamente
Profesor
Eddy Gamarra
Esta carta la dedico a todos
aquellos profesores que laboraron en nuestra Alma Mater y por quienes guardo un
cariño inmenso.
Eddy